Por el Día Internacional del Café, expertos revelan las cinco claves físicas para que el café de casa sepa igual que el de cafetería
Miguel Coa, de Café Llanquihue, y Karin Stoiber, de Philips Hogar, detallan cómo el grano, la molienda, la temperatura del agua, el punto de tueste y la conservación determinan, según la física de la extracción, si una taza casera logra o no igualar a la
Por qué el café de casa no siempre sabe como el de cafetería
Con motivo del Día Internacional del Café, celebrado cada 1 de octubre, especialistas de la industria repasaron una pregunta que se repite en millones de cocinas: ¿por qué el café preparado en casa puede resultar más ácido, más amargo o menos aromático que el que se sirve en una cafetería? La respuesta, según Miguel Coa, especialista de Café Llanquihue, y Karin Stoiber, de Philips Hogar, está en cinco variables respaldadas por la física de la extracción.
Las cinco claves, una por una
La primera es elegir el grano según el sabor buscado: un tueste claro conserva aceites y azúcares naturales, mientras uno oscuro potencia sabores amargos, aunque un sobretostado puede usarse para disimular defectos del grano. La segunda es ajustar la molienda a cada método: fina para espresso, media para filtrados, gruesa para prensa francesa, ya que la granulometría regula la velocidad con la que el agua extrae los solubles.
Temperatura, tueste y conservación
La tercera clave es controlar la temperatura del agua: hervirla y usarla de inmediato no siempre da el mejor resultado, y la referencia para un espresso se sitúa entre 90 y 96 grados centígrados. La cuarta es evitar los tuestes quemados, y la quinta consiste en conservar el grano en recipientes herméticos, moliendo solo la cantidad necesaria antes de cada preparación, ya que el contacto con el oxígeno acelera la pérdida de aromas y sabores una vez abierto el envase.
Un hábito que se vive mayoritariamente en casa
El contexto regional respalda la relevancia de estas claves: en Chile, por ejemplo, el 89% de quienes consumen café lo hacen en su propio hogar, con un promedio de diez tazas a la semana, lo que confirma que la experiencia doméstica, más que la de cafetería, es la que define el consumo habitual de café para la mayoría de las personas.
La tecnología como atajo hacia la consistencia
La tecnología moderna ha simplificado buena parte de esta precisión térmica y de molienda: dispositivos como las cafeteras espresso automáticas con molienda instantánea integrada permiten personalizar la intensidad, la temperatura y la emulsión de la leche, asegurando una consistencia taza tras taza que antes exigía mucha más práctica manual para lograrse de forma repetida.