Las mujeres lideran la transformación poscosecha del café en Huila, Colombia, y ya no se limitan a recoger la cereza
Cerca de 28.000 mujeres participan activamente en la producción, el beneficio y la transformación del café en el departamento colombiano, liderando hoy procesos técnicos y de agregación de valor que antes quedaban casi exclusivamente en manos masculinas.
De recolectoras a gerentes de su propio proceso
En el departamento colombiano de Huila, la caficultura vive una transformación silenciosa pero profunda: según la Federación Nacional de Cafeteros, cerca de 28.000 mujeres participan activamente en la producción, el beneficio y la transformación del café, dejando atrás el papel tradicional de simples recolectoras de cereza para convertirse en protagonistas técnicas de cada etapa del proceso poscosecha.
Un caso que resume el cambio generacional
Uno de los ejemplos más representativos se encuentra en la vereda El Piñal, en el municipio de Gigante, donde Daniela Díaz, caficultora de segunda generación, lidera hoy decisiones técnicas sobre el manejo y el procesamiento de su finca que antes recaían casi por completo en la figura paterna. A poco más de una hora y media de Neiva, entre montañas y guaduales, Díaz trabaja diariamente en la obtención de perfiles de taza cada vez más especializados, capaces de responder a compradores internacionales que exigen calidad, trazabilidad y sostenibilidad.
Equipos propios para agregar valor en finca
La transformación no se queda en lo simbólico. En Pitalito, la Asociación Mujeres Emprendedoras de la Vereda La Reserva recibió, con apoyo de la Gobernación del Huila, una guardiola para el secado del café capaz de procesar hasta una tonelada cada 24 horas, un equipo que además les permite prestar el servicio a otros productores de la zona, generando un ingreso adicional más allá de la venta de su propia cosecha.
Redes que multiplican el impacto
Este movimiento no se limita a Huila. En el sur de Santander, la reciente conformación de la Red de Mujeres Cafeteras articula el trabajo de 87 lideresas pertenecientes a 14 asociaciones distintas, buscando fortalecer la participación femenina en la caficultura regional e impulsar acciones conjuntas en sus territorios, desde el acceso a financiamiento hasta la negociación directa con compradores.
Por qué importa para el café que llega a la taza
Para el comprador y el tostador, este liderazgo femenino en el proceso poscosecha se traduce en una ganancia concreta de calidad y trazabilidad: mujeres que antes solo participaban en la cosecha hoy toman decisiones técnicas sobre fermentación, secado y selección de grano, un control más directo sobre el proceso que suele reflejarse en perfiles de taza más consistentes y mejor documentados.