El café de especialidad redefine el concepto de «defecto»: lo que antes se penalizaba en catación hoy se paga como innovación
Catadores de Honduras a Colombia coinciden en que las fermentaciones controladas y el uso de levaduras han ampliado el rango de perfiles sensoriales aceptados, mientras crece el debate sobre si la industria está romantizando en exceso el proceso.
Cuando lo que era defecto empieza a venderse como virtud
Durante décadas, unas notas avinagradas o un perfil desequilibrado en la taza eran señales inequívocas de que algo había fallado en la cosecha, el procesado o el almacenamiento, y penalizaban tanto la calidad percibida como el valor comercial del lote. Ese consenso empieza a resquebrajarse. El desarrollo de fermentaciones controladas, el uso deliberado de levaduras y los procesos de múltiples etapas han ampliado considerablemente el rango de perfiles sensoriales que el mercado está dispuesto a aceptar, e incluso a pagar mejor.
Protocolos diseñados para un café distinto
El catador y barista hondureño Rafael Rossito resume el cambio señalando que el mercado se está abriendo a nuevos perfiles en la ola de los cafés experimentales, lo que a su juicio confirma que el paladar de los consumidores también se está ampliando. El problema de fondo es que buena parte de los protocolos de evaluación vigentes se diseñaron originalmente para analizar cafés procesados mediante métodos mucho más tradicionales, y hoy se ven sometidos a perfiles pensados desde el principio para ser distintos, no para parecerse al procesado estándar.
¿Estamos romantizando la fermentación?
No todo el sector celebra el giro sin matices. Un análisis reciente de Perfect Daily Grind plantea abiertamente si la industria está romantizando en exceso la fermentación. Con el auge de la especialidad, el proceso dejó de entenderse solo como una etapa técnica relevante para convertirse en una herramienta de diseño sensorial, lo que implicó evolucionar de prácticas artesanales hacia sistemas con monitoreo estricto de variables como temperatura, pH y niveles de oxígeno. Esa sofisticación técnica llegó acompañada de una transformación discursiva: términos como "anaeróbico" ya no solo describen un proceso, sino que construyen una narrativa que posiciona el café como innovador y diferenciado, y esa expectativa alimentada por el lenguaje técnico y el marketing acaba influyendo en cómo se percibe la taza antes incluso de probarla.
Un debate que todavía no tiene ganador
Ninguna de las dos posturas es excluyente: es perfectamente posible que el paladar del consumidor se esté ampliando de forma genuina y que, al mismo tiempo, parte del entusiasmo por la fermentación experimental responda más a la narrativa que a una diferencia sensorial objetivamente verificable taza a taza.
Qué implica para el comprador y el tostador
La recomendación práctica del sector es exigir divulgación precisa del proceso —tipo de fermentación, tiempo, temperatura— en lugar de conformarse con la etiqueta "experimental", y catar siempre antes de comprometerse con un lote, ya que la palabra "innovador" en la ficha técnica no garantiza por sí sola una taza limpia ni equilibrada.